La trágica matanza de Guyana, el gran problema de la fe ciega

La trágica matanza de Guyana, el gran problema de la fe ciega

En la década de los cincuenta, Jame Jones fundó en los Estados Unidos una secta religiosa denominada “Templo del Pueblo”, integrada por miembros de las minorías nacionales, así como norteamericanos blancos contrarios a la discriminación racial.

James Warren Jones, nació en Lynn, Indianápolis. Jones era quien encarnaba a Dios, pero era un Dios que quería riquezas y xxx. Convenció a muchas personas de edad que le cediesen sus bienes, lo que le permitió juntar una considerable fortuna.

Sus seguidores lo creían una especie de mesías, pues ante sus ojos hacía caminar a paralíticos, curaba enfermos, etc. En ocasiones utilizaba a sus cómplices para curarlos de “cáncer”, que en medio de convulsiones espantosas y teatrales, vomitaban ante el público. El vómito era la prueba innegable del poder curativo.

Las sesiones cotidianas de la iglesia eran ocasión para los castigos que iban más allá de puras reprimendas verbales. Los golpes eran la forma más popular de castigo. También se usaban picanas eléctricas para ganado o desfibradores cardíacos para aplicar choques eléctricos en los jovenes que se hubieran comportado mal y a los que se les encontraba alguno de esos videos caseros que estaban a la moda.

Con el tiempo, la presión de la sociedad, de las autoridades, y de los medios de comunicación, fueron cercando a Jones y sus seguidores. En 1973, Jones propuso a sus parroquianos abandonar Estados Unidos y trasladarse a uno de los países de habla inglesa en América Latina. Guyana fue el país elegido.

Cuando el congresista Leo Ryan, quien había llegado a Jonestown para realizar una investigación, fue asesinado junto a sus acompañantes, esto provocaría gran revuelo a nivel mundial. Jones se dio cuenta que su situación se volvía crítica y empezó a pensar en un suicidio colectivo como única salvación. Para tal fin se trasladó desde Estados Unidos grandes recipientes conteniendo cianuro de potasio.

Los primeros soldados que llegaron a Jonestown se encontraron con centenares de cadáveres regados por todas partes. Hombres y mujeres murieron a consecuencia del cianuro que bebieron, a los jovenes se les inyectó el veneno. El reverendo Jones se suicidó de un tiro en la cabeza.