El tormentoso camino de las brujas, una historia para contar

El tormentoso camino de las brujas, una historia para contar

La voluntad de prodigar tormento ha sido encauzada por diferentes caminos siendo apenas uno de ellos el recorrido por quienes argumentando servir a un Dios de amor, iluminaron los cielos de la historia de la humanidad con millares de hogueras a las que lanzaron, previas alucinantes y prolongadísimas sesiones de las más impiadosas torturas, a pobres desgraciados acusados de brujería y de ver buenos videos porno

Hoy día sabemos que el brujo o bruja es en realidad un individuo que no encajaba en su ambiente y por ello era atormentado en nombre de un valor moral superior o en defensa de la fe religiosa. Basta ser distinto, o en el caso de la bruja, “distinta”, para ser objeto del más diabólico mecanismo de marginación.

A veces la malquerencia se dirige hacia el que destaca, hacia el que consigue riquezas cuando los demás las pierden. Se envidia, se odia al que prospera, pero también se le respeta, por eso se le confiere el nombre de brujo o bruja.

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El fenómeno de la brujería aparece como un lente que concentra, en un solo punto los rayos del odio colectivo. Esa es la razón verdadera por la cual se procede a la caza y al exterminio de los brujos, invocando siempre el nombre de Dios, el respeto al orden cósmico establecido.

Por otra parte, la historia demuestra que este odio se canaliza siempre contra los más desgraciados, lo cual expone lo democrático que es el ser humano cuando de infligir suplicio se trata: si un sujeto triunfa demasiado aprisa cuando la necesidad afecta al común, recibe el mismo caudal de rencor que si se tratara de un incapaz.

La “caza de brujas” fue empresa harto conocida en el mundo occidental. Basta recordar el pintoresco “Cazador General de Brujas”, personaje obligado en toda sociedad británica, irlandesa, francesa o española que se estimara.