Era un cálido día. El cantar de los pájaros amenizaba la silenciosa y casi solitaria tarde que disfrutaban, entre besos y caricias, algunas parejas en el parque Hundido.
Las bancas verdes de metal acogían a las personas que sonreían mientras conversaban, acariciaban sus cuerpos o se susurraban al oído. Algunos preferían el contacto con la naturaleza y reposaban sobre el pasto para continuar con el ciclo de besos y caricias.
A decir de José Luis Castillo, un comerciante que por más de 30 años ha vendido dulces al interior del parque Hundido, parejas de novios y amantes acuden a ese lugar para intimar.
"Aquí vienen muchas parejitas, desde las normales hasta las que no los son... pero cuando llueve o empieza a anochecer es cuando más llegan, porque los polis no hacen tantos rondines y pueden hacer sus cosas tranquilamente...se besan, se acarician, y algunos hasta sexo han tenido", comenta el vendedor de dulces.
Pero no sólo los amantes acuden al lugar. Personas que disfrutan ver la intimidad de las parejas constantemente visitan el parque.
"Yo les llamo mirones, y hay como tres que nunca faltan, algunos son mis clientes y me platican lo que ven, dicen que se excitan viendo esas cosas y, para no tener problemas de que los vayan a cachar, vienen en bicicleta", asegura el señor Castillo.
A unos metros de la construcción que se edificaba dentro del parque y que hoy permanece clausurada por el gobierno de la ciudad, una pareja adulta, de entre 30 y 40 años, mantenía un intercambio de besos y caricias que al pasar de los minutos se intensificaba.
La señora, quien vestía blusa negra, una falda gris y medias negras con bordados, estaba sentada sobre las piernas de un hombre de camisa blanca y pantalón negro.
Por varios minutos mantuvieron unidos sus labios y mientras él la acariciaba, la mujer tocaba con fuerza a su acompañante.
Sin temor a ser descubiertos, la apasionada pareja intercambiaba posiciones. Un segundo besaban sus bocas, al siguiente sus cuellos y después se acariciaban el cuerpo.
El hombre masajeaba el pecho de su compañera y con sigilosos movimientos descendía su mano hasta introducirla bajo la falda.
Cuando por fin abrió los ojos y se percató de la mirada inquisidora de una señora, éste cesó las caricias e invitó a su acompañante a caminar por el pasillo.
Como la historia de esa pareja, que lleva toda su sensualidad y pasión a la tranquilidad de un parque, a diario se ven muchas.
"Sobre todo entre semana, porque es cuando más solo está el parque. Sábados y domingos vienen las familias, traen a sus hijos, pero entre semana hay más parejitas", explica el señor José Luis.
Durante el recorrido que delvallede10.com.mx realizó, se observó que las parejas no son exclusivamente de un rango de edad. Desde adolescentes de secundaria hasta personas de la tercera edad acuden al parque para pasar un rato de amor, pasión o simplemente de compañía.
Aunque, de acuerdo con José Luis Castillo, las parejas de jóvenes son novios, mientras que las de adultos suelen ser amantes.
"Cuando una persona mayor viene al parque a agasajarse a la mujer es porque algo quieren esconder, porque, si fuera su esposa, eso lo deja uno para la noche, cuando están en la intimidad. Los que vienen aquí a caldearse o tener relaciones sexuales es porque son amantes, y hasta se ahorran el hotel", afirma Castillo.
Las manecillas del reloj seguían su curso y aunque el sol no bajaba su intensidad, el aire comenzaba a soplar y a anunciar la próxima e irremediable caída de la noche.
Algunas parejas comenzaron a levantarse del pasto o de las bancas para seguir con su historia en alguna otra parte de esta ciudad.
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