La mirada atenta a los detalles, las manos acompañadas de una esponja para limpiar su área de trabajo con delicadeza y rapidez. Pasa a tomar las pinturas y los cepillos o telas para comenzar, al mismo tiempo, una plática con el cliente diciendo "Buenos días" ó "tardes", según sea el caso, porque a todas horas alguien necesita que sus zapatos luzcan impecables.
En la esquina de Luz Saviñón e Insurgentes Sur, se ubica el encargado de hacer lucir en excelentes condiciones el calzado de oficinistas y colonos de la colonia Del Valle.
Justo enfrente de un edificio amarillo y dando la espalda al WTC, el puesto del bolero Faustino Jiménez Cruz, adorna la acera con lona azul y roja; y sillas blancas como si fuera una sala de espera.
Todo comenzó hace 15 años, cuando Faustino, después de ser chofer en el aeropuerto, fue despedido: "Me quedé sin trabajo y le encargué uno a un sobrino que ya se dedicaba a este oficio, después de ocho días me dijo que fuera a ver a un tal Ricardo en Insurgentes 686".
Esa persona fue quien le vendió un lugar fijo sobre la avenida más grande de la ciudad, "algo difícil de tener", dijo Faustino, quien atiende un promedio de 30 a 35 personas por día.
"Cuando empecé atendía a 10 personas diarias, después 20 y así sucesivamente va uno subiendo de clientes, porque ya me conocen, por la confianza más que nada", indicó.
Además, Faustino ofrece el periódico o una revista para leer mientras trabaja, busca un momento oportuno para dialogar con el cliente en los 10 o 15 minutos que se toma para revivir el calzado de las personas que lo solicitan.
Entre las anécdotas de Faustino está aquella cuando boleó a Hugo Sánchez a su regreso después de jugar en el Real Madrid: "Por televisión o periódico lo conozco, pero en persona ya lo conocí", dice quitado de la pena mientras cepilla el calzado de un cliente y agrega: "Hay otros artistas que pasan por aquí, pero ellos no se bolean, sólo los veo de lejos".
Pero más allá de ser un bolero, también es un cronista, pues desde que está en este lugar ha sido testigo de los cambios que ha sufrido la avenida de los Insurgentes y el entorno cercano a él, entre ellos, el más importante, la conclusión del World Trade Center: "Cuándo yo llegué el WTC no estaba terminado, pero en el sexenio del presidente Salinas de Gortari, se pudo terminar" comentó.
"Este trabajo tiene mucho valor para mí porque mantengo a mi familia y de esto vivo; yo pienso durar un tiempo más, los boleros que estamos, por algo lo hacemos, así sale para mantener una familia" refirió.
"Todo es fácil, nada más hay que saber trabajar", contesta cuando le preguntamos cuál es el calzado más difícil de bolear, respuesta que acompaña con una mueca de experiencia para reafirmar que no le hace el feo a ningún calzado, "aquí viene desde el más rico, hasta el más pobre".
Y mientras le da la bienvenida a un cliente invitándolo a tomar asiento y le dice de dónde puede tomar el periódico, recuerda las felicitaciones que ha recibido por su trabajo, mientras se agacha a buscar la grasa indicada de entre varios recipientes, pues no olvida las prisas bajo las que trabaja y tampoco las satisfacciones obtenidas con este oficio, al que se entrega de 7 de la mañana a 6 de la tarde, para mantener a lo más importante: su familia.