No todo son Secretos de Estado, Confidencias Peligrosas o Destapes, para el periodista y escritor mexicano Rafael Loret de Mola también hay cornadas, como lo hace notar en su más reciente libro, Si los Toros Nos Dieran Cornadas, una metáfora de la fiesta brava que alecciona sobre la vida misma y polemiza entre lo humano y lo animal.
En entrevista para delvallede10.com.mx, Loret de Mola nos cuenta sus hazañas en el Centro Universitario México (CUM), que, sin ser explícitas, son parte de la narrativa de Julián Rivera, el otro yo de Rafael.
Se dice que el CUM ha sido semillero de figuras políticas reconocidas, ¿de qué forma marcó su vida su estancia en esta institución?
Mi época en el CUM fue muy convulsa. Eran los días del movimiento estudiantil y no era sencillo entonces ser preparatoriano. En mi caso era doblemente difícil, porque mi padre era aspirante al gobierno de Yucatán y senador. Estaba en el filo de la navaja y con varios compañeros fundamos el Movimiento Estudiantil Progresista con la intención de crear una sociedad de alumnos. Los Maristas lo tomaron muy mal y aquello naufragó con amenazas de expulsión.
¿Cómo eran aquellos días de escuela?
Apasionantes, intensos, agitados. En todos los renglones. Puedo asegurar que vivimos una juventud con enorme cauda de politización. Y eso, naturalmente, nos guió, sobre todo por la energía de nuestros mentores que, contra lo que pudiera pensarse, jamás privilegiaron la educación confesional ni nos cortaron las alas. Esa fue la mejor lección para mí.
¿Con quiénes compartió banca y hoy son figuras reconocidas?
No fueron pocos los compañeros que luego hicieron carrera pública. Los Gómez Mont, por ejemplo; Roberto Madrazo; también los Moctezuma Barragán, Emilio Chuayffet, los Crishtlieb, hijos del fundador del PAN; uno de los Vega Alvarado, de Sinaloa, y no pocos que siguieron la senda religiosa como Cruz, Wigers, Cabral, etcétera.
¿Tuvo algún gran amor en esas aulas?
Todavía entonces el CUM sólo admitía varones y, desde luego, jamás he formado parte de la célebre "cofradía de la mano caída".
¿Qué caracteriza a su generación?
Fuimos una generación que creció en la crisis y se desarrolló en ella. Lamentablemente, las matanzas de Tlatelolco y el Jueves de Corpus terminaron también por reprimir, en muchos casos, la esencia misma de los jóvenes durante aquellos años turbulentos.
¿Fue en esta institución donde despertó en usted el pensamiento de lucha contra gobiernos opresores y que más tarde lo alentó a encabezar un movimiento en Guanajuato?
Una de las semillas sí lo fue. Recuerdo que éramos muy participativos, sobre todo porque formábamos un mosaico bastante plural, entre hijos de secretarios de Estado y vástagos de opositores distinguidos. En mi caso, era más bien rebelde pero sentía por mi padre, hombre del sistema, verdadera adoración lo que me conflictuaba hondamente.
¿Por qué periodismo?
Por herencia y vocación. Lo primero, casi como un derecho de sangre; lo segundo, por el aliento social que siempre ha marcado mi trayectoria.
¿Qué le ha dejado estar desde este lado de la trinchera?
La enorme satisfacción del deber cumplido, hasta ahora, pero con la sensación de que la misión no ha terminado. Una paradoja, desde luego.
¿Por qué entrar y por qué no seguir en la política?
La política no sólo significa ejercer cargos públicos. Cuando se piensa y escribe acaso somos más políticos que los circunstanciales ocupantes del poder perentorio. Alguna vez le envié un mensaje a un ex presidente, Salinas: "Cuando usted ya no sea presidente, yo seguiré siendo periodista". Y así ha sido, aunque él todavía mantiene feudos y controles.
Para usted, ¿qué es el poder? y ¿cree tenerlo?
Hay muchos matices. El poder político deviene del ejercicio del gobierno y de la capacidad de maniobra, dentro y fuera de las instituciones públicas; el verdadero poder concentra en las mafias la capacidad de trastocar hechos e incluso modificar, como sucedió en 1994, el perfil histórico de la nación.
Pero también existe el poder que otorga la memoria colectiva y, sobre todo, la autoridad moral. Tal ha sido, sin duda, el principal de mis escudos.
Es considerado un crítico del sistema mexicano, entonces, ¿cómo amaneció México hoy?
Lleva muchos años levantándose entre turbulencias, con enormes dificultades de avizorar el mañana. Una vez, luego de entrevistar a De la Madrid, me preguntaba: "¿Cómo es que, luego del sexenio de éste, todavía están los edificios en pie y circulan con normalidad los automóviles?". Y así es. Lo mismo cuando en la noche negra de la Plaza de las Tres Culturas, los corresponsales extranjeros atestiguaban, apenas a 300 metros de distancia de la zona acordonada por el ejército, fluir la más absoluta de las normalidades.
¿Cuáles eran sus lugares favoritos en la colonia Del Valle?
Sobre todo, lo confieso, las taquerías. Había una en especial, sobre División del Norte, en donde un espléndido oaxaqueño, Sam, elaboraba unas salsas inolvidables que jamás he vuelto a probar. Un día se marchó y nos dejó la memoria gustativa. Pero había otras. La de "los bauces", por Universidad, y la tortería "La Especial". Cuando viví por allí, en Anaxágoras, entre Eugenia y San Borja, no me había aburguesado tanto y no acudía a los restaurantes caros. Luego, la verdad, me invitaban mucho al Suntuory, vanguardista de la cocina japonesa, y a otros más.
Con una sola palabra:
Tauromaquia: Pasión.
Quisiera ser: Un buen escritor.
Me preocupa: La Injusticia.
Familia: Tesoro.
Mis hijos: Mis orgullos.
Mi color favorito: Verde.
Me gusta leer: La novela de la Revolución Mexicana, sobre todo.
Me encanta comer: Cochinita pibil.
Admiro a: Juárez.
México: Mi razón de ser.
Una pluma es: Fuerza de espíritu.
La colonia Del Valle: Nostalgia.