Cerró la puerta, desconozco si volvió la mirada hacia
atrás, pero no era necesario; David Alfaro Siqueiros sabía lo que dejaba a la
eternidad: las huellas de una marcha interminable, la de la humanidad,
apasionante, inquietante, impulsiva. En lo que nunca pensó al cerrar la puerta
de ese gran salón dentro del Polyforum Siqueiros fue en la indiferencia, porque
su creación, el mural más grande del mundo, después de 30 años sigue siendo
desconocido en México y, en consecuencia, esa marcha de gritos desbordados,
culminó en numerosos silencios, hijos del olvido.
Esta indiferencia no sólo afecta al Polyforum, es un efecto
dominó que golpea a los espacios culturales en todo el país y que es visible en
el resultado arrojado por la última Encuesta Nacional de Prácticas y Consumos
Culturales: sólo el 4.6% del total de la población mexicana se acerca a los
espacios culturales, principalmente a los teatros, centros dedicados a la danza
o a los museos.
Algunos de estos lugares comenzaron a tomar cartas en el
asunto, como es el caso del Polyforum, que para sobrevivir a tal problemática
inició su propia lucha contra la apatía y nos abrió sus puertas para
platicarnos sus estrategias encaminadas a vencer los malestares propios de este
fenómeno, en la voz de su director de
cultura, Héctor Tapia:
"Siqueiros lo logró: su sueño por enlazar la naturaleza, el
hombre y la tecnología existe, todo en una misma cuadra. Pero a pesar de tener
todo, la gente no se acerca, y no sólo al Polyforum, a toda la cultura, porque
realmente nunca se nos ha inculcado que el entretenimiento también está en el
arte".
"Entendemos que existen otras
formas de esparcimiento, pero entretenerte en el arte es una experiencia única,
tan sólo venir al Polyforum no es sólo caminar en un museo, sino en una obra de
arte, pues todo el edificio resguarda el mural catalogado como el más grande
del mundo, lo que lo hace una de nuestras cartas fuertes para devolverle al
lugar su público" afirmó el director.
Tapia explicó que el mural va más
allá de simples trazos, cuenta con un espectáculo de luz y sonido, donde el
espectador se ve atrapado entre plataformas giratorias y luces mecánicas que
provocan que la pintura le envuelva mientras una voz de fondo, la de Siqueiros,
le describe lo que ve. "Son sólo 30 minutos para experimentar algo
inimaginable".
"Y es que al estar frente al
mural", cuenta Juan Carlos, visitante del museo, "la excitación de la marcha
seduce, envuelve, sólo se necesita cruzar el umbral de la puerta para toparse,
en seguida, con una manifestación de silencios a lo largo de los 2 mil 400
metros cuadrados de color, pues lo que hay en el Foro Universal son callados y
desgarradores escalofríos; cientos de seres mundanos gritando, implorando,
luchando por escapar de sus trazos, mientras pequeñas esculturas escurren, con
los brazos al aire, a través de las abrumadoras paredes pintadas de colores
encendidos, como el naranja fuego o el rojo sangre".
Pensando en los que están y en los que vendrán
Con más de 30 años de vida y siendo una de las piezas más
emblemáticas del arte contemporáneo, Tapia reiteró su preocupación porque el
Polyforum sea poco aprovechado por la población; "muchos lo conocen sólo por
fuera, el interior no lo han visitado y desconocen las exposiciones que hay,
los servicios que tenemos."
"Es por ello que pensando en los que están y en los que
vendrán, nuestra estrategia es dar
variedad en los espectáculos que aquí presentamos. Por ejemplo, actualmente
exhibimos en las galerías del Polyforum diversas exposiciones de fotografía,
escultura, arte sonoro o performance; ya comenzamos a utilizar los
espacios para montar exhibiciones de todo tipo y hasta el momento todo funciona
muy bien".
Tapia finalizó puntualizando que estas
estrategias apenas comienzan, pero si se quiere llegar al éxito, se necesita
más inversión. "Estos planes no pueden funcionar sin recursos. Las propuestas
están, las ganas de trabajar y el espacio también, pero nuestra limitante es el
dinero. Cualquier apoyo a nadie le ha caído mal".