En la Del Valle, nuestros sentidos se pueden deleitar con sabores y mezclas provenientes de diferentes épocas; lo sentimos en sus calles, construcciones y habitantes, fieles testigos de que el tiempo no se detiene mucho por esta zona.
Lugares como el Parque Popular, también conocido como Santa Mónica o San Lorenzo Xochimanca, son de los espacios donde pasado y presente se cubren bajo la sombra de los mismos árboles para darle albergue a un lugar sagrado, lleno de historia: el Templo de San Lorenzo Xochimanca y sus cinco siglos de vida.
Al encontrarse con esta joya colonial de finales del siglo XVI, lo primero que se ve es una cruz de piedra, en su base se puede leer que fue colocada cerca del 1800, está decorada con una corona de espinas al alto relieve.
Al caminar unos pasos, nos encontraremos con el Templo de San Lorenzo Xochimanca (en náhuatl, lugar donde se ofrecen flores), también es conocido como el Templo de San Lorenzo Mártir. Fue edificado bajo el mandato de los conquistadores españoles al más puro estilo europeo de finales de 1700.
Esta capilla de una sola nave fue elaborada de ladrillos y piedras volcánicas, colocadas por indígenas que tallaron, en lo alto y a los pies del arco de la puerta de madera, flores y una cruz. El campanario está elaborado al estilo "Mixcoac", con ladrillos color chedrón llenos de vida y esencia de una cultura desaparecida por los conquistadores españoles, aunque de no haber sido por el choque de estas civilizaciones, no tendríamos la oportunidad de apreciar una obra como ésta, adornada con un bello vitral enmarcado en madera.
La historia de este edificio, declarado Monumento Nacional en los años 30, no sólo se puede percibir a lo ancho y alto del templo; es justamente a los pies de esta iglesia, en su atrio, donde alguna vez, bajo las flores, piedras y pasto, se encontraba un cementerio que funcionó hasta principios del siglo XX.
Tras la desaparición del camposanto, se construyó el parque ubicado entre las calles de Manzanas, Magnolias, Fresas y San Lorenzo. Un lugar apropiado para dejarse abrazar por el viento de una tarde de fin de semana, caminar de la mano con la persona que amas o bien, pasar un rato ameno entre amigos y familiares.