Una de las cosas que definen a un lugar son sus calles, sus nombres e incluso su historia. En la colonia Del Valle lo mismo nos encontramos entre frutos, como Moras o Fresas, que entre filántropos, como Concepción Béistegui. Todas nos remontan a sus inicios, allá por inicios del siglo XX.
Los nombres de las calles casi siempre son determinados por el gobierno; en los inicios de la colonia Del Valle, el ayuntamiento era el que decidía cómo debían llamarse. En este caso, dado que la colonia comenzó a fraccionarse en 1908, los nombres los puso la fraccionadora, pero muchos fueron a petición de los dueños de las fincas y los ranchos.
Tal es el caso de Amores, que recibe el nombre del rancho que ocupó ese espacio en la colonia.
Al ser una zona de cultivo, se daban muchos frutos, por lo que tenemos los nombres de Moras o Fresas, incluso Cerezas, que ahora es la calle de Tlacoquemécatl.
Son pocos los nombres que han cambiado, pues desde la década de los veinte, la colonia estaba fraccionada. Destacan el caso de División del Norte, antes se llamaba Acueducto, y Avenida Universidad era conocida como Calzada Narvarte hasta 1948.
A decir de María de Jesús Real, cronista de la delegación Benito Juárez, "las calles que conservan su lado histórico son las de San Lorenzo y Magnolia; Gabriel Mancera siempre se ha caracterizado por sus colegios y universidades."
En la Del Valle es común encontrarse con calles que deben su nombre a personajes que pueden no ser del todo conocidos. "Hay liberales, filántropos, muchos que no vivieron ahí, pero que eran contemporáneos". Tal es el caso de los filántropos José María Olloqui, Ana María Mier, González de Cossío, Eugenia, Concepción Beístegui. Así como liberales como Porfirio Díaz.
Las calles más antiguas son San Lorenzo, Magnolias, avenida Coyoacán y Gabriel Mancera. Las más recientes son División del Norte y Félix Cuevas.
Todas las calles encierran una historia, en ellas se "echaba la cascarita", la gente se reunía, pues la inseguridad no era problema. Los niños entraban y salían de sus casas, se enlodaban en las calles sin pavimentar, paseaban a sus mascotas o animales, como caballos.
Las calles de la Del Valle también sintieron los arrancones, vieron al borrachín que apodaban "El ciruelo" o "El ojo de carpa", sintieron las procesiones de las fiestas, los primeros andares de los coches. Hoy siguen haciendo historia.