Últimamente Gloria Sandoval dormía en la administración del Centro Urbano Presidente Alemán (CUPA).
En la soledad, se refugiaba en el alcohol para olvidar sus problemas personales, pero la comisión de áreas comunes del CUPA pidió apoyo a la delegación Benito Juárez para ayudarla, pues, además de ser una mujer de la tercera edad con problemas de calle y alcoholismo, se trataba de su vecina.
No está sola pero es como si lo estuviera. Nunca conoció a su hermana gemela, quien falleció muy pequeña. También perdió a sus padres, de quienes tiene recuerdos gratos.
"Mi papá era de carácter fuerte, pero ahora sí que nos dio comida vestido y sustento. Mi madre, ella era una santa", dijo Gloria Sandoval en entrevista.
Inició como bebedora social y no tomaba con amigos, siempre bebió sola. Sus conflictos se acrecentaron cuando trabajaba en la Secretaría de la Reforma Agraria, a donde le llegaban "misteriosos anónimos".
"Tengo otros dos hermanos, uno es ingeniero, pero él ‘ni fu ni fa', la otra siempre ha ido detrás de la herencia que me dejaron mis papás, pues a ella sólo le dejó mi mamá. Ella era la que mandaba los anónimos, aunque me decía que eran de una madrina", comentó Gloria, quien guarda un gran resentimiento hacia su hermana.
De su casa a la calle
Gloria pidió el retiro voluntario en su trabajo pero, cuando "se terminó la leche", pensó en rentar su departamento ubicado dentro del CUPA para poder comprar alcohol.
Así, vivió durante 14 años en un cuarto de servicio en Tlacoquemécatl, nunca se casó ni tuvo hijos, aunque sí parejas sentimentales.
Hace ocho meses se encontraba en la calle, sucia e hinchada. Habían intentado ingresarla a un albergue de la delegación Benito Juárez y ella se negaba, pero después la convencieron.
"Cuando llegó pronto la revisó un doctor. La señora se quejaba de todo, decía que le dolía el cuerpo y, como no le pudieron quitar la ropa, tuvieron que cortarla con tijeras", explicó Francisco Pioquinto, subdirector de Albergues en Benito Juárez.
Ahora ya puede caminar con ayuda de una andadera, tiene mejor salud y, aunque está a gusto en el albergue, en cualquier momento podría dejarlo para recuperar su departamento y su vida.
"No es justificación, pero cada quien tiene un vicio. Aquí tengo una amiguita que es comedora compulsiva. El alcohol es un escape, aunque, bueno, a uno también le gusta", dice Gloria.
Al preguntarle a quienes consideraba su familia, guardó silencio y luego dijo tener muchas amistades.
El rencor hacia su hermana, a quien califica de hipócrita, continúa y las ganas de beber han disminuido. "Soy rencorosa pero no vengativa", aseguró.
Cuando Gloria habla de sus padres su rostro muestra alegría. Afirma que, si ella pudiera cambiar algo del pasado, sería el momento en que inició a beber alcohol.