¿Qué tienen en común el Bulldog Café, la Comercial Mexicana de avenida Revolución, Barranca del Muerto, la Plaza México y el antiguo manicomio de La Castañeda? Pues nada menos que ser símbolos de los tiempos en que Emiliano Zapata dominó los pueblos de la actual delegación Benito Juárez durante la Revolución Mexicana.
Delvallede10.com.mx platicó con la antropóloga María de Jesús Real C. Figueroa, cronista de la demarcación, quien relató cómo, "al sonar de las botas y los fusiles militares", las multitudes asustadas disfrutaron y padecieron el paso de la Revolución.
Tras las huellas de Zapata
Una verdad que, hasta en una estación del Metro está recordada, es que Zapata fue quien dominó esta demarcación durante el movimiento revolucionario, e incluso tuvo uno de sus cuarteles en el lugar donde hoy está la monumental Plaza México.
Causando angustias y desvelos, este hombre fue uno de los personajes centrales en la vida juarense, explicó la cronista.
"Zapata mantuvo sus campamentos en los pueblos de la zona como Mixcoac y La Piedad Narvarte, caracterizándose por el robo de hombres y el saqueo a las propiedades de los personajes más acaudalados".
Una de las huellas más recordadas que dejó el Caudillo del Sur en la zona fue el caso de la familia Serralde, cuyo padre era abogado del dictador Porfirio Díaz y poseía una mansión en avenida Revolución.
Ésta contaba con andén privado para tomar el ferrocarril, cine, tren eléctrico interno, una pequeña plaza de toros y un lago. Pero todo desapareció con la llegada de los zapatistas, quienes saquearon y se apoderaron del lugar, según cuentan las dos hijas del señor Serralde que hoy viven.
Lo terrenos de esa mansión hoy se han convertido en la Comercial Mexicana de avenida Revolución y el Bulldog Café.
En contraste, el embate zapatista trajo consigo la desaparición de muchos hombres que fueron obligados a entrar a las revueltas.
"Tan sólo imagine que, de pronto, irrumpían tres o cuatro tipos con sombreros de copa ancha y rifles en mano a cantinas, talleres, hogares y, como sabuesos, sacaban a los hombres para llevarlos al frente de guerra.
"Muchas mujeres del pueblo de Mixcoac iban a buscar a sus maridos a la estación del ferrocarril, pero en cuanto éstos llegaban, se los llevaban a la leva. Los muertos fueron muchos. Se dice que la mayoría de estos cadáveres fueron arrojados a lo que hoy lleva por nombre Barranca del Muerto", explicó Figueroa.
De manicomios y fantasmas
El desorden que caracterizó a la zona se reflejó en leyendas que hoy se cuentan sobre varios sitios de la zona, como la historia de la calle Poussin 10, donde, tras la matanza de una familia por parte de los zapatistas, el único sobreviviente, un niño, habitaba la casona asustando a sus dueños. El lugar hoy es un condominio.
O La Castañeda, antiguo hospital psiquiátrico ubicado en Mixcoac, que por la extensión del lugar, además de ser un manicomio, contaba con un cine y grandes bosques de eucalipto de acceso al público. Por ello, quienes iban de día de campo no contaban con gafetes o ropas que los diferenciaran de los pacientes.
No obstante, estas historias de desorden y muerte dibujaron la figura de un ejército zapatista villano y vividor que hoy muchos contradicen ofreciendo versiones positivas sobre ellos.
"Incluso hay quien afirma que se les recuerda en condiciones de pobreza, pidiendo limosna en las calles de la zona.
"Al entrar las fuerzas, hubo gran confusión, una alarma tremenda, (pero después) los habitantes veían con ojos azorados a aquellos feroces bandidos, que pintara la prensa capitalina con tan negros colores, paseando por las calles sin molestar a nadie", cita Figueroa en su ponencia "El paso de la Revolución por Benito Juárez".