Viajar en un microbús en la colonia Del Valle no es diferente a lo que se vive en la mayoría de las colonias: hay que soportar empujones, paradas inesperadas de la unidad, malos tratos, y en el caso de mujeres, hasta tocamientos. Todo por llegar a un destino.
Delvallede10.com.mx arribó a la avenida Félix Cuevas y tomó un microbús desde Insurgentes hasta avenida Coyoacán.
La unidad estaba llena, no había espacio mínimo entre pasajeros y, aunque el número de personas sobrepasaba lo permitido, el conductor subió a más de cinco personas en las tres cuadras siguientes. Aquí, el número de pasajeros permitidos es "todos los que quepan".
Ni siquiera pudimos subir bien, nos quedamos en las escaleras, desde ahí vimos de cerca los automóviles, el viento refrescaba en cada acelerón y tuvimos que sujetarnos bien del tubo para no perder el equilibrio en cada parada.
En esas escaleras había siete personas, un joven llevaba medio cuerpo fuera de la unidad, parecía más fresco que todos los demás, pues el calor en la unidad era cada vez más insoportable.
Al chofer no le importó todo eso, un tubo impedía que los pasajeros se acercaran a unos pasos de él, tal vez por eso no comprendía el fastidio.
Estás obligado a oler, sentir y escuchar cada detalle, el ambiente es estresante y el disgusto en las personas es notorio, cada rostro refleja el desagrado de utilizar un transporte público en estas condiciones.
A la altura del CUPA la unidad se detuvo, una mujer de la tercera edad hizo la parada. Aunque el microbús estaba al tope de su capacidad, la fémina se las ingenió para arribar. Por amabilidad, el joven parado en la puerta dio el paso a la señora, quien se encargó de abrirse camino entre la multitud; empujó, pidió disculpas y volvió a empujar.
Y es que el problema no es la señora, en realidad lo es el sobrecupo, tanto en la ciudad como en esta unidad.
Pasajeros han denunciado otros abusos como la tardanza en la salida de los microbuses en Zapata, o el trato grosero por parte de choferes.